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Nuestro cerebro no es un músculo, pero también necesita ejercicio. Manteniendo la mente en forma conseguiremos no sólo sentirnos mejor, sino que además, ayudamos a que el deterioro cognitivo avance más lentamente. La estimulación cognitiva se compone de ejercicios muy recomendados tras el momento de la jubilación, como actividad preventiva, aunque son especialmente útiles una vez que aparece el deterioro. En estas actividades se trabajan aspectos como memoria, atención, cálculo, lenguaje, movimientos y coordinación, etc., intentando equilibrar en función de las necesidades de cada usuaria/o. Pero además, la estimulación cognitiva también puede aportar sus beneficios en la infancia y adolescencia, tanto en casos de niños y niñas con necesidades educativas especiales como sin ellas, o en otras épocas de la vida en que se necesite o se quiera mejorar el rendimiento intelectual (población universitaria, opositores, etc.). En estos casos, los ejercicios de estimulación cognitiva son complementados con herramientas y técnicas para mejorar el aprovechamiento del estudio y el rendimiento académico.

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